Interiores / Carlos López Arriaga

Cd. Victoria, Tam. – La seguridad escolar es un tema muy delicado que está hoy en boca de todos, tras el ataque de un grupúsculo armado contra la Preparatoria Federalizada número 1, de esta capital, la que lleva por nombre “Ing. Marte R. Gómez”.

No es cualquier escuela, es una reconocida institución de educación media superior, ubicada sobre la avenida Justo Sierra, a un costado del estadio universitario “Eugenio Alvizo Porras”, frente al Centro de Salud y el hospital del IMSS, junto al campus más antiguo de la UAT, el “Adolfo López Mateos”.

Sobre la misma avenida hay otras dos prepas cercanas, la Federalizada número 2 (“Aniceto Villanueva”) y, por la bajada hacia el vado, la “Jaime Torres Bodet.”

Es una zona de intenso movimiento, un ir y venir incesante de profesores, estudiantes, médicos, enfermeras, laboratoristas, intendentes, personal ejecutivo y administrativo de todas las dependencias asentadas en las inmediaciones.

Amén del comercio ambulante que, ya de por sí, es bastante; taxis, peseras y la ya legendaria ruta de camiones azules, cuya supervivencia es un desafío al paso del tiempo, en dicha traza urbana, apretada y sobrepoblada.

A la vuelta se ubican cuatro unidades académicas, Derecho, Comercio, Trabajo Social y Ciencias, el gimnasio universitario, los centros de Lenguas, Excelencia y Gestión del Conocimiento.

Recordar el entorno subraya la relevancia de la noticia. Que todas las instituciones ahí asentadas no sean motivo suficiente para que la autoridad respectiva opere una estrategia exitosa de seguridad conjunta.

Este martes, poco antes de las seis y media de la tarde, una persecución entre jóvenes culminó en la Prepa Federalizada 1, más allá de la reja de entrada, dejando por saldo cinco heridos de bala, incluyendo dos alumnas. Se habla de nueve disparos.

Las versiones varían, hay información pendiente de precisar. Saber, por ejemplo, si los agresores perpetraron su ataque adentro de las instalaciones o dispararon desde la línea divisoria, la entrada.

Si hubo antes un intento de “levantón” (rapto, secuestro) que, al verse frustrado, devino en corretiza y, finalmente, agresión con arma de fuego por la espalda, versión atribuida al director del plantel VICENTE HUERTA.

Según dicho testimonio, la víctima habría escapado tras el intento de subirlo por la fuerza a un vehículo, intentando resguardarse en las aulas.

Habría recibido los primeros tres tiros fuera de la escuela. Los demás se accionaron de la reja hacia adentro, multiplicando el daño.

La gente también se pregunta si el blanco del ataque era un joven concreto y los otros cuatro resultaron víctimas ocasionales o había intención de afectar a todos.

Si es verdad que murieron dos, como insistían versiones cercanas a los hechos, o bien (como reza el parte oficial) solamente hubo heridos, cuatro de los cuales serían dados de alta al día siguiente (miércoles).

También es de cinco el número de detenidos por la policía, señalados tres como responsables y dos más en calidad de cómplices.

De comprobarse que (efectivamente) son los agresores, ello hablaría de una eficaz capacidad de respuesta por parte de la corporación. Al menos en ese punto de la ciudad.

Algo tendrá que hacerse en la esfera municipal de seguridad pública para imponer una mayor presencia en dicho espacio citadino, importante y concurrido, donde además las diversas dependencias tienen equipo de seguridad propio.

No es poca cosa el que alguien dispare hacia adentro de un centro escolar, en horas de trabajo. Igual podrían haber resultado heridos los maestros.

En los últimos años, los presupuestos de seguridad escolar se han incrementado a todos los niveles. Y también los prestadores privados de este servicio.

La fecha de referencia que detonó estos esfuerzos es el año 2010. Año cuarto de FELIPE CALDERÓN y sexto de EUGENIO HERNÁNDEZ, umbral de rupturas graves entre grupos delictivos que convirtieron las ciudades en campos de batalla.

De entonces a la fecha, las tareas de vigilancia en instituciones educativas han instrumentado medidas nunca antes vistas, no solo en Tamaulipas, en toda la república.

Bardas y cercas perimetrales cada vez más altas y fortificadas, cámaras de vigilancia, personal uniformado, casetas a la entrada, monitoreo electrónico adentro y afuera.

Sin distingos así se está trabajando en la enseñanza pública y privada, de guardería y preescolar a primaria, secundaria, preparatoria y universidad.

Rutinas y protocolos acordes con el tiempo difícil que nos ha tocado vivir. De aquí la extrañeza por los sucesos de esta semana en la prepa de la loma.

¿Cómo fue que se llegó a esto?, se preguntan los padres de familia cuya respuesta puntual fue no enviar a sus hijos al siguiente día del episodio sangriento. El ausentismo estudiantil como respuesta muda, pero significativa. Desconfianza clara hacia las instituciones.

Lo cual señala también la necesidad de ubicar en qué punto estuvo la falla y en que etapas del proceso será necesario deslindar responsabilidades. Apretar tuercas, incluyendo, por supuesto, a la corporación policiaca municipal que, en casos así, suele ser la última en enterarse.

Alguien deberá decirle al alcalde que hay asuntos más importantes que el bailongo, el carnaval, los disfraces, el jolgorio y los conciertos de música grupera. Es tema, sin duda, para las campañas.

 

BUZÓN: lopezarriaga21@gmail.com

WEB: http://lopezarriaga.blogspot.com

 

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